De ahorrista a inversor: una historia real

Hay muchas personas que quieren invertir pero no pueden, y notamos que uno de los comentarios más frecuentes es: “resulta imposible dar el salto de ahorrista a inversor”. Por eso hoy les queremos contar la historia de Walter Kobak, Director de Grupo Surwal, una persona que supo cómo crear un camino de superación personal. ¡Allá vamos!

La historia de Walter tiene mucho en común con la de otros grandes empresarios que empezaron desde abajo. Pero también tiene una fuerte dosis de compromiso con sus propios objetivos personales y una clara visión a largo plazo que definió sus pasos y lo ayudaron a enfocarse.

“Me recibí hace 30 años de Ing. Civil y entonces tomé una decisión: empezar mi carrera en Puerto Madryn, una ciudad que ya en aquel momento estaba creciendo mucho. Este primer paso fue fundamental, porque a pesar del desarraigo familiar (toda mi familia vivía en un pueblito de La Pampa), siempre supe que había que moverse a lugares donde se vislumbre un futuro próspero, con una sociedad joven y con mucho empuje, para poder crecer”.

En Madryn consiguió su primer trabajo, que aunque no estaba directamente relacionado con su profesión, le dio la posibilidad de conocer mucha gente: fue Administrador del Camping del Automóvil Club Argentino y allí mismo su acuerdo de trabajo incluía un dormi de 12 m2 con baño compartido en el que vivió por tres años.

“No era lo más cómodo, pero no pagaba alquiler”, recuerda Walter y esto ya nos anticipa una manera de pensar y de organizar sus gastos que es clave para entender su crecimiento. Más adelante nos volverá a hablar del tema…mientras tanto, la historia cuenta que Walter puedo conseguir así su primer buen sueldo y, al mismo tiempo, generar un adicional gracias a la venta de excursiones que ofrecía a los turistas que visitaban el ACA. Todo sumaba a la hora de generar su primer y más importante ahorro: “al tiempo me pude comprar mi primer auto, un Citroën 3CV modelo 72, muy económico pero que me permitía moverme sin problemas”, comenta.

Una temporada de gran esfuerzo valió la pena, porque al terminarla consiguió trabajo en una empresa constructora, donde por primera vez pudo desempeñarse en su mundo.

Walter resume la experiencia que le dejaron estos años así: “me sirvió para darme cuenta de que yo no sirvo para ser empleado, no podía aceptar ciertos manejos de esta empresa, las formas no eran las que me habían inculcado en la universidad y mucho menos en mi familia”. La vida es un aprendizaje y, sobre todo para los que quieren emprender, es importante asumir el hecho de que cada paso debe ser un aporte para llegar a la meta. Por eso, hacer un “alto en la ruta” cada año es fundamental para poder evaluar aspectos como:

¿Dónde me encuentro?, ¿para qué me sirve el trabajo que tengo actualmente?, ¿hasta dónde me conducen los pasos que estoy dando hoy?, ¿qué aspectos debería cambiar para llegar a mis metas? Y entonces, con estas respuestas en mente, ajustar el itinerario de nuestra vida profesional y también personal.

Ya con un pie en el sector que más le gusta, el de la construcción, empezó a realizar proyectos de viviendas y locales para gente que había conocido en el camping, armó en equipo de obreros que trabajaban en esa empresa y empezó con sus primeras obras propias. Así se aseguró un ingreso que le permitió entrar a un emprendimiento inmobiliario que pedía solamente un anticipo y cuotas muy accesibles.

Al tercer año de vivir en Madryn se vino a esta ciudad mi novia (hoy mi mujer y madre de mis dos hijas), recién recibida de Bioquímica. Gracias a su primer trabajo de docente pagábamos el alquiler de un departamento de 2 ambientes (más cómodo que mi Dormi de 12 m2).”, explica y retoma algo que había dejado pendiente al principio del relato: su tiempo como inquilino fue lo más corto posible, en cuanto pudieron, él y su mujer se mudaron al departamento que estaban pagando y se convirtieron en los primeros habitantes de ese complejo.

Lo importante era dejar de pagar alquiler cuanto antes, porque era dinero que salía de mi bolsillo que no tenía retorno, que no significaba nada constructivo en el tiempo.

La fama importa….

Crear una sólida red de contactos es súper importante para cualquier profesional y esto es algo que Walter también tuvo presente. Para “hacerse conocido” en la ciudad empezó a trabajar prácticamente gratis con diversas instituciones de la zona, como Clubes y Cooperadoras de escuelas, realizando proyectos “a riesgo”, como suelen denominarse a las acciones que implican inversión de mucho tiempo personal, sin la certeza de saber el resultado final.

“Cuando todos viajaban por el mundo aprovechando la convertibilidad y el 1 a 1, yo dedicaba mis ahorros a comprar un lote en el centro de la ciudad e ir construyendo nuestra primera casa por etapas. Siempre tuve en claro que ‘Activo’ es lo que me genera ingreso de dinero y ‘Pasivo’ es lo contrario”

Walter no duda en resaltar, orgulloso, que durante esos primeros años vivió con lo justo, sin autos de lujo ni casas importantes, evitando todo gasto de mantenimiento, patente y demás, que interfirieran en su objetivo central a largo plazo: convertirse en emprendedor y, luego, en inversor.

“Creo que los argentinos nos pusimos una vara muy alta con un nivel de vida que no se condice con nuestra condición social, ahora puedo viajar por el mundo porque mis activos me lo permiten, pero antes tuve que hacer un sacrificio muy grande, que la mayoría no está dispuesto a realizar”.

Otra de las enseñanzas que su experiencia le permiten compartir es la diferenciación clara entre lo que es:

  • Un Empleado, aquel que cobra un sueldo toda su vida, y entonces debería asegurarse de alguna forma un plus para su jubilación, sabiendo que cada vez será más difícil vivir solo con ella;
  • Un Autoempleado o monotributista, que depende de sí mismo para generar ingresos, si se enferma o se va de viaje deja de producir;
  • Un Emprendedor, que es el que se animó a dar un paso más y tener su empresa y generar ingresos aunque esté de vacaciones.
  • Y el Inversor, una situación a la que se llega entendiendo que debemos hacer trabajar nuestros ahorros para nosotros, para tener más activos que me permitan llegar a esos lujos que todos deseamos.

“Yo sabía muy bien que mi objetivo era llegar a ser inversor, por eso con mucho esfuerzo construí mi primer complejo de departamentos para alquilar. Con esa renta, luego, todo se hizo más fácil. De cada edificio que desarrollamos, mi ganancia fueron los locales comerciales que por su ubicación generaban muy buenos ingresos”.

Pero si se trata de coraje y voluntad de crecimiento, no se anduvo a medias tintas: enfrentando un gran riesgo por la importancia del emprendimiento y lo inusual del negocio decidió emprender la creación del primer Condo Hotel, un modelo de negocio inmobiliario perteneciente a una Cadena Internacional, que por primera vez y de su mano, llegaba a la Patagonia.

“Tuve que vender muchas de las propiedades que con tanto esfuerzo había logrado construir, emplear todas las estrategias de marketing imaginables en momentos del país muy difíciles allá por el 2011 y 2012, cepo cambiario incluido. Pero cuando tengo una visión clara de negocio y me siento seguro, confío en ese instinto, en mi experiencia y en los profesionales con los que me vinculo para asesorarme”

Formarse y vincularse, esa es la cuestión

La formación académica y la creación de una red de referentes fueron otros de los eslabones que sostuvieron el crecimiento en esta historia. Walter realizó dos Master, un Project Management y un MDI en Dirección de Desarrollos Inmobiliarios, al tiempo que asistía a todos los Congresos posibles para mantenerse al tanto de las últimas tendencias y tomando el ejemplo de los que “saben hacer” alrededor del mundo. Con el apoyo en su experiencia pero, al mismo tiempo, una mirada atenta al entorno local y a las tendencias internacionales, pudo crear Grupo Surwal, que primero comenzó como una desarrolladora, y luego sumó los servicios inmobiliarios y las alternativas de inversión para quienes buscan crecer desde cero (la historia completa del Grupo podés encontrarla acá).

Resumiendo, ¿qué se necesita para pasar de ahorrista a inversor? Podríamos responder esta consulta que tantas veces recibimos en 6 premisas:

  1. Elegir bien el lugar donde desarrollarnos: ¿estás en el lugar correcto para crecer en el sector profesional que elegiste?
  2. Ser austero: ¿tenés en claro el concepto de Activos y Pasivos y lo ponés en práctica en tu vida?
  3. Asumir riesgos: ¿estás dispuesto a dejar de depender de un sueldo y pasar a ser EMPRENDEROR?
  4. Capacitación continua: ¿saliste ya a buscar oportunidades de negocios con fundamentos y éxitos probados?
  5. Anticiparse a los desarrollos rentables: ¿te animás a buscar tendencias de crecimiento en las industrias que más conozcas o te despierten interés?
  6. No enamorarse de tus propios bienes: siempre es necesario saber cuándo entrar (comprar) y cuando salir (vender) de un negocio.

Si lo deseás, hoy puede ser el primer día de tu propia historia emprendedora ¡Te deseamos muchos éxitos!

2 comentarios en “De ahorrista a inversor: una historia real

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